lunes 21 de diciembre de 2009

El Hilo

Hace mucho tiempo, existió una mujer que ocupó su vida entera preparándose para algo que nunca ocurriría.

Un día decidió comprar el hilo más fino que existiera para tejerse un vestido especial. Recorrió todas las hilanderías y no consiguió un hilo lo suficientemente fino para su vestido.

Así fue que, al contemplar su abundante, larga y rubia cabellera, decidió cortar todo su cabello para con él crear el hilo que estaba buscando.

Tomaba de a tres cabellos, los trenzaba y luego anudaba los extremos, mientras enroscaba el tan especial hilo en un gran carretel.

Para cuando terminó de trenzar el último tramo, ya le había crecido nuevamente el cabello, esta vez, algo entrecano.

Así continuó sucesivamente, cortando y trenzando su cabello, cada vez más blanco, en un largo hilo que serviría para tejer su vestido.

La mujer consideraba que nunca tenía el hilo suficiente, por tanto proseguía incansablemente con su tarea, descubriendo, al final de su vida, que jamás lograría tejer el vestido.

Sin embargo, no lamentó no haberlo tejido. Satisfecha, miró al hilo hecho con sus cabellos, y se dijo para sí misma:

“Nadie nunca ha tenido un hilo tan especial y tan largo, todo en el carretel”.

Usa, guarda, entrega lo que tengas.

La vida es lo que quieras que sea. Vívela a tu manera.

viernes 20 de noviembre de 2009

La Torre (cuento)


miércoles 21 de octubre de 2009

Gota

Si cada gota suma
cada gota duele
nutre
alivia
lacera
redime

cada gota quita
vacía
inunda
ahoga

Si cada gota es vida
que tiene o va

y salpica
evapora
rebalsa

cada gota exprime su último átomo al cosmos

cada gota es universo e infinito
sin tiempo
en tu piel

Uno e infinito

Arena húmeda del mar
Lluvia fugaz
Pozo de luz
Muro del tiempo escrito y soñado
Destellos de una ilusión
Un canto, un fonema
El primer llanto y el último pañuelo

en un andén
en una noche
en mi memoria

miércoles 2 de septiembre de 2009

Tus rejas (a 3 años)

Sin ansiedades
sin ondular las aguas de mi lago
tan quieta que pensaba profundamente en mi respiración, así te esperaba.

Viniste desde el oeste
paso enérgico
sonrisa con dientes
mochila en un hombro
llaves en mano
un gesto y una palabra
que pronunciaste desde lejos al vernos.

Algunos escucharon
nos miraron
pero pasamos inadvertidos.

Y ya no escuché cantar a ningún pájaro.

Las aguas de mi lago latieron risueñas.

Estaba lista
y nos fuimos hacia el sur.
No podía esperar a llegar.
Sabía que cuando ocurriera, perderíamos la cuenta.

“Cruzá la avenida y seguí”, dijiste.
Sospeché.
Seguí tu juego.

Te pedí algo
algo que te encendió.
Estaba relajada
mientras conducía
reía en mi interior.

Bromeaste
reímos los dos.

Hablamos
de lo que ya habíamos hablado antes
y luego
te pedí que me mostraras tus rejas
que por supuesto no sabías dónde estaban.

Las buscaste
mucho más tiempo de lo que yo las hubiera buscado en vano
antes de que me tomaras por la cintura.
Las rejas no estaban.

Pero yo estaba allí
sobre tu pierna
ardiendo de deseo
hasta que me besaste con coordinación perfecta.

Y sin las jaulas de tu tipografía perdida
en la libertad total de tu cuerpo y el mío
dejamos de ser lo que éramos
para ser lo que luego seríamos.

viernes 16 de enero de 2009

Esferas

Los sueños son esferas,
son arcas que recolectan cada deseo
hacia un mundo imaginado.

Sueño que sueñes como yo
el mismo sueño

con cada párpado que cae,
cada respiración entrecortada,
soñando futuro
entre espasmos y piel.

Anudados siempre.

lunes 1 de diciembre de 2008

Hace seis años - Hora cero 2

Hace seis años, un día gris y fresco como hoy, extraño para un primero de diciembre, volví a casa luego del mayor fenómeno natural que le puede ocurrir a una mujer.

Cuando pienso en la persona que, como se dice, me hizo mujer, no puedo pensar más que en esa personita que amo tanto, mi princesa. Ella me hizo mujer, y ella fue, quien inspiró este relato que sigue expresando de la misma manera el sentir de ser mamá, Hora Cero.

Porque no soy de Independiente, y no me gusta el fútbol, quiero aclarar que mi princesa, que descansaba plácidamente a pesar de los bombos y los cantos en la esquina de casa, fue quien ha perpetuado en mi memoria ese hecho, con el que sólo compartía el festejo, aunque el mío era silencioso y adorablemente Dependiente.

Lo reitero en este post.



Ya es lunes, y ayer salió campeón Independiente. Nunca lo olvidaré.

Quedan unos pocos bombos sonando con cantos perdidos en la calle. La tarde emborrachó de rojo a espíritus dormidos en la triste espera. Una espera más larga que el recuerdo. Hoy la sangre corrió con ese torrente de roja pasión, en baile, coro y llanto.

La mayor alegría es la inesperada, la que se teme sentir, por miedo a nunca encontrarla. Y hoy hubo un campeón que despertó de su letargo en este pueblo. Un pueblo absorbido por la ciudad grande vecina, inundado de mugre fabril, olvidado en un pasado de historia y orgullo.
Historia y orgullo tapados.

Me asomo entre las cortinas del balcón. Borrachos literales siguen deambulando. Los simbólicos ya están guardados con sus corazones llenos. Imagino.

La esquina comienza a despejarse, quedan los papelitos volando con el pasar de los últimos autos.
El calor ya pasó, pero aún sigue templando el fresco de la noche que sería aún más fría.

Corro la cortina. Pero decido no ir aún a la cama. Para saborear un poco más las sensaciones.
Ahora que se fue la gente, que estamos mi corazón y yo, vamos a disfrutar solos. Respiro.

Dos días atrás entendí la teoría de cómo sería sentir esto. Creí vivir la magia de antemano. Sufrí en el medio, pasé un infierno de hielo seco en las venas. Y al final, el premio mayor. Una experiencia imposible de transferir.

Después de tantos años de vivir encadenada a esperanzas y frustraciones, surgió una promesa. Una semilla en tierra fértil.

Jamás olvidaré a Independiente campeón, vibrante en las calles, con el rojo burbujeando por la piel. La locura, el gentío, el tiempo vertiginoso que parece congelarse, en cámara lenta, irreal. Y la nueva sensación.

Me veo en mi camisón abotonado para amamantar, recostada como puedo en mi sillón rojo ultra moderno, pero no me siento ultra moderna. Me siento ultra mujer.

El sábado, antes de la última contracción, Tito me había dicho “¡Dale que en la próxima nace!”. Como si no lo hubiera sabido desde antes, sólo en ese instante caí en la cuenta que mi nena nacería porque yo habría de pujar, ese día, a esa hora. Desde entonces que estoy en tiempo frenado.

Desde una ventana, mirando la sucesión de caras y sonrisas, flores, llantos y besos. Un cordón que se cortó. Una niña y yo.

“Olvidate de dormir. Se te terminó la libertad.” Me dijeron.

Creí interpretar esas palabras de un modo. Pero ahora, que no deseo dormir, ni deseo libertad, entiendo lo que significa.

“Siempre estarás despierta. Estarás atada a esta niña toda tu vida.” Me dije.

La casa me recibió con otro aire, otro color en las paredes. Cada cosa en cada lugar pidió permiso para festejar y ya nada estaba donde lo había dejado. Bello caos triunfante.

Ya todos se fueron. Las cosas están donde quedaron. Me siento inundada por el universo entero, olvidada de mi identidad. Borracha por sorpresa de amor. Mi espíritu, despierto como nunca.

Escucho a mis venas corear, mi cuerpo festeja. Ha hecho historia.

Y mi pecho se expande de rojo.